
Nunca pude tener ese espacio soñado, medio Familia Ingalls, donde todos se querían y cuidaban, donde los hijo eran un tesoro y no una carga o error de cálculos. Lamentablemente, como yo, miles y miles de personas han tenido que enfrentarse a la realidad y renunciar a los sueños celestes para aceptar de que así es la vida, de que realmente el amor no viene en frasquitos, ni nace pro el sólo hecho de compartir un poquito de sangre.
Algunos deciden ignorar esto, olvidarlo y enterrarlo en algún diario de paginas muertas, donde nadie, ni ellos mismos recordaran la dureza de un poema ignorado.
Otros, cargaran toda su vida con la herida o la culpa de no haber sido elegidos, queridos, cuidados...culpando al mundo, a Dios y las ciento cincuenta generaciones anteriores que no se atrevieron a sembrar un poquito de cariño.
Yo no, yo no quise pasar mis días navegando en lágrimas con nombres y apellidos similares a los míos, elegí ser el eslabón fallado, ese que daña la cadena, la rompe, impidiendo esa continuidad de silencios y frialdades.
Quise construir ese “nido cálido” del hogar y me propuse cuidar siempre de los que me rodeaban, alimentar el cariño con caricia y detalles y hacer de ello entes valiosos y únicos para mí.
Hoy, una voz abofeteó con realidades esas intenciones tan mías...
“te entregas demasiado”, “te regalas”....
¿y donde esta escrito que tenemos que ganar al otro, que la conquista debe ser eternamente?... ¿por qué decir “te quiero” cuando es “te amo”?...no lo entiendo, no comprendo porque nos esforzamos por ser idénticos a todos, por seguir esa línea mezquina donde, si no nos dan, no damos, si no nos quieren, no queremos...
Pero es cierto...queriendo construir terminé mendigando...y la entrega se volvió polvo...
Creí que el cariño era gratuito, que dándose ganábamos...pero...sigo sola, siguen yéndose...y nuevamente la culpa, y nuevamente la herida...no por que no me quieren, sino porque no me dejan querer.
